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El ejercicio físico practicado de manera regular, y en la forma adecuada, ha demostrado ser un medio efectivo para reducir la morbilidad y mortalidad ocasionada por numerosas y frecuentes patologías crónicas. Las personas físicamente activas viven más y con mejor calidad de vida que las personas sedentarias. Por último, las personas físicamente activas se encuentran mejor en lo personal y lo social. Dada esa multiplicidad de efectos beneficiosos para la salud y el bienestar de las personas, los principales organismos de salud de los países desarrollados han puesto en marcha agresivas campañas destinadas a fomentar la actividad física entre los ciudadanos. El propio National Institute of Health americano ha considerado el ejercicio físico como la principal "píldora" para luchar contra el envejecimiento. En esta misma línea, el Departamento de Salud Norteamericano sitúa la actividad física como el primero de los diez indicadores de salud por delante del sobrepeso/obesidad o el tabaco y lo sitúa como principal elemento de acción de su agenda de trabajo para los próximos años (Healthy People 2010).

La realización de ejercicio de manera moderada durante al menos 30 minutos, cinco días a la semana, o la práctica de ejercicio intenso durante 20 minutos tres días por semana, son críticos para mantener y mejorar la salud. La práctica de ejercicio tiene efectos beneficiosos en la mayoría, si no en todas, las funciones orgánicas contribuyendo a mantener su funcionalidad e incluso a mejorarla. En la mayoría de los casos, el ejercicio actúa retardando o atenuando la pérdida de funcionalidad. Para algunas funcionalidades el ejercicio actúa, incluso, revertiendo una pérdida ya establecida. De manera específica y directa el ejercicio físico mantiene y mejora la función músculo-esquelética, osteo-articular, cardio-circulatoria, respiratoria, endocrino-metabólica, inmunológica y psico-neurológica.

 

Realizar ejercicio físico de manera regular reduce el riesgo de desarrollar o incluso morir de lo que hoy día son las principales y más graves causas de morbi-mortalidad en los países occidentales. Así, el ejercicio físico practicado de manera regular y de forma adecuada es determinante de la mejora de la salud y el bienestar de la persona dado que:

  • Reduce el riesgo de cardiopatía isquémica y otras enfermedades cardio-vasculares.
  • Reduce el riesgo de desarrollar obesidad y diabetes.
  • Reduce el riesgo de desarrollar hipertensión o dislipidemia y ayuda a controlarlas.
  • Reduce el riesgo de desarrollar cáncer de colon y cáncer de mama.
  • Ayuda a controlar el peso y la imagen corporal.
  • Tonifica los músculos y preserva o incrementa la masa muscular.
  • Hace a los huesos y articulaciones más fuertes y resistentes.
  • Aumenta la capacidad de coordinación y respuesta disminuyendo el riesgo y consecuencias de las caídas.
  • Mejora la actividad del sistema inmune.
  • Reduce los sentimientos de depresión y ansiedad.
  • Promueve el sentimiento psicológico de bienestar y la integración social.

Estas acciones se presentan a cualquier edad e independientemente del nivel de forma física del que se parta.

 
       
   

 

 
   

Diseño: Pensamientos Divergentes
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